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Testimonios

Padres recién salidos de la adolescencia
Estaban en el colegio o a poco andar en la universidad cuando recibieron la noticia. Sin cuestionamientos, asumieron su nueva condición de padres precoces sin olvidarse del “carrete” pero sí con la claridad de que esta es una responsabilidad ineludible y vitalicia.

Difícil resultó explorar en este grupo etario en el que además de estar en la compleja faceta de transitar desde la niñez a la adultez, se tiene además la responsabilidad de ser papá. No porque no haya casos, al contrario, hay más -incluso quizás- de lo que la mayoría quisiese; pero aquí se trata de encontrar entre el sexo masculino a quienes hayan sido capaces de asumir al mismo tiempo ambas etapas, no sólo con entereza, también con alegría. Un desafío, sin lugar a dudas, relevante en esta fecha, Día del Padre, en el que este ejercicio testimonial trasciende lo frívolo o comercial.
En este universo rescatamos la experiencia de Aland, Cristóbal, Diego, Manuel y Marco, que han tenido el talante de incorporar la paternidad a su vida con lo que ésta demanda y asumir el reto no como una carga, si no  valorando el privilegio de ser papá y lo que significa para su vástago la figura presencial de su progenitor.

 

Marco Fleming, futuro periodista:

El gusto de ser padre

 

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Marco y su hijo Marco Maximiliano.

 

Estudia de día y trabaja de noche, consciente de que ahora tiene tanto que cuidar: una familia, una carrera y un empleo.

Con una mezcla de nerviosismo y temor recibió Marco Fleming (22, estudiante de periodismo) la noticia de que él y su pareja  y compañera de curso, Alejandra Palominos (23), iban a ser padres. Pero la incertidumbre no tardó en desaparecer cuando vieron en la pantalla del ecógrafo cómo su guagua, completamente formada, se movía y hacía el ademán de taparse los ojos. “Quedamos impresionados”, recuerda.
Ya había buscado empleo. Primero en un call center al que tuvo que renunciar debido a las clases. Luego postuló al Casino, donde trabaja por lo general de noche, y además estudia de día.
Marco Maximiliano nació por cesárea, el 25 de julio de 2009, en la Clínica Ciudad del Mar. Vino al mundo llorando y sólo se tranquilizó cuando su madre le habló. Entonces todo cambió. “La responsabilidad es totalmente distinta a como la concebía al principio. Es más duro, pero se aprende y termina gustando ser padre”, afirma.
No oculta que su ritmo es cansador y que a veces no escucha el despertador; que le gustaría tener más tiempo para salir con Alejandra y para estar juntos en familia, pero también asume que el esfuerzo es proporcional al tamaño de la responsabilidad.
En un mes Max cumple un año. “Espero que crezca sano, que se atreva a caminar solito, que diga sus primeras palabras coherentes y que cuando le cantemos cumpleaños feliz sepa soplar las velas y abrir los regalos”. Es su mejor regalo para este día, junto con una cuota de sabiduría para sí mismo. “Sabiduría para enfrentar todo lo que viene, para salir luego de la Universidad y para seguir valorando lo que tengo”.

 

Diego Reinoso, microempresario:

"Aperra" desde 4° medio

 

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Diego y su hijo Leonardo Giovanni.

 

A los 18 años tuvo absoluta claridad sobre la responsabilidad que significaba una familia. La vida se lo ha retribuido.

Para Diego Reinoso (23) y Karen Biermoritz  (23) el comienzo de la vida en pareja fue duro. Compañeros de colegio y pololos desde los 16 años, estaban en cuarto medio cuando supieron que serían padres.
“Sentí que el mundo se nos venía encima y empecé a aperrar altiro”, recuerda Diego, quien no tardó en buscar empleo. Trabajó en una tienda de electrónicos, fue ayudante de mecánico, vendió y distribuyó empanadas.
El día que iba a nacer su hijo, llegó cerca de la  medianoche al Hospital Van Buren donde ya estaba su señora. Lo hizo justo para llevarle pizza, el último antojo de ella. Luego lo mandaron a la casa y le avisaron la proximidad del nacimiento hacia las 5 de la mañana del día siguiente, 20 de abril de 2006.
“Iba con nervios, pero cuando entré al pabellón se me quitaron y cumplí todo lo que me decían las enfermeras”, cuenta. El nacimiento de Leonardo Giovanni fue lo más emocionante que le ha pasado, aunque no estuvo exento de peripecias, ya que una enfermera se desmayó en el pabellón, probablemente porque había corrido toda la noche.
De ahí en adelante Diego no se despegó de su hijo ni para dormir. “Si se movía, yo despertaba de inmediato”, recuerda ahora, cuando junto a su señora maneja “Otra cosa”, un negocio de sándwiches, completos y empanadas en Almirante Montt, a pasos de la plaza Aníbal Pinto, donde él trasnocha prácticamente  todos los días. Así se compraron un departamento en Villa Alemana y así esperan juntar un capital para independizarse a los 25 años.
¿Su mejor regalo en el día del padre? “Estar con la familia y aprovecharla a concho. Eso es lo único que pediría”.

 

Manuel Mallol, futuro médico:

Del impacto a la preoyección

 

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Manuel y su hija Amalia.

 

A él y su pareja, la noticia de que serían padres los encontró totalmente desprevenidos. Amalia les cambió la vida.

El impacto fue devastador. A Manuel Mallol (19) y Estefanía Meza (21), ambos estudiantes de Medicina en la Usach, la noticia de que serían padres los halló totalmente desprevenidos cuando recién definían sus agendas vitales, en las cuales tener hijos era una determinación del futuro, no del presente.
“Todo se adelantó. No teníamos trabajo, plata, casa, nada. Lo primero fue decidir si nuestra relación era suficientemente sólida para ser pareja estable. Luego, prepararnos para darle la noticia a las familias”, cuenta Manuel, quien  tras el impacto inicial asumió que en ningún caso rehuiría la responsabilidad.
La pareja se instaló en la casa de los Mallol y el futuro padre comenzó a trabajar en cuanta ocupación pudo, desde impartir clases de Biología hasta reparar computadores, aprovechando sus conocimientos en esa área. Así pudieron asegurar la atención del alumbramiento y lo que venía después.
Amalia llegó al mundo el 19 de marzo pasado y para su papá todavía resulta difícil describir un momento tan significativo como intenso. En ese instante, dice, tomó plena conciencia de la envergadura de la responsabilidad que lo acompañará toda la vida. “Las cosas se ven distintas y uno se afiata como pareja”, dice, y cuenta que desde el primer momento ha sido un papá dedicado. “Preparo y doy mamadera, mudo, baño, saco chanchos, todo”, aunque para eso tenga que vencer el cansancio.
Por eso a la hora de elegir un  regalo para hoy domingo no lo duda: estar siempre con Estefanía y Amalia. Y si se puede, esa especie de retrovisor para ver cómo va la niña en el asiento trasero.

 

Aland Pacheco, alumno de Diseño:

El camino elegido

 

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Aland y su hijo Gastón.

 

Sabe que son muchas las responsabilidades pero está dispuesto a asumirlas y sacar adelante al pequeño Gastón.

Que sea feliz, responsable y humilde son las aspiraciones que tiene Aland (22) para el futuro de su hijo Gastón Alonso Pacheco Pinto de un año y 10 meses. Él y Daniela, la mamá, siguen siendo pareja aunque cada uno vive con sus padres. Cuando Aland supo que iba a ser papá sintió “muchas cosas”. “Fue difícil. Estaba empezando mi carrera universitaria entonces esta noticia cambió totalmente mis planes de vida, fue un duro golpe que me hizo crecer de un día para otro. Son sentimientos encontrados que no dejan pensar con claridad. Me sentía inmaduro para ser papá, no estaba preparado para todas esas responsabilidades. Fue un momento muy tenso, pero a medida que fue pasando el tiempo pude pensar con más tranquilidad y tomar la noticia con un sentimiento bastante positivo”.
Del nacimiento recuerda que Daniela empezó a sentir contracciones y llegaron a las  4 de la tarde al hospital. “En un momento mencionan mi nombre y me hacen entrar a pabellón. Estaba tranquilo a pesar de todo y entré con la disposición de apoyar a Daniela. Gastoncito nació como a las 10 de la noche; se demoró bastante pero llegó sanito al mundo y fue emocionante tenerlo en mis brazos”.
En ese momento Aland dimensionó  la responsabilidad que se venía. “Yo acompañaba a Daniela a los controles que podía, me preocupaba de su alimentación, entonces eso va generando un sentimiento de paternidad para enfrentar lo que se viene”.
Igual ha sido difícil porque no trabaja todavía, pero tiene el apoyo de sus padres. “Ellos saben que es importante que yo termine mi carrera, pero hay que tener bastante fuerza para lo que significa tener un hijo a esta edad y tratar de sacar los estudios adelante. Mis horarios son totalmente distintos, entonces eso complica más las cosas”.
Algunos días de la semana Gastón se queda en su casa y tiene que esperar a que se duerma para hacer sus trabajos. Se ha sentido sobrepasado pero “es el precio que hay que pagar; después de todo uno eligió estar en ese camino”.  Compartir con la familia y su hijo, es lo que pide Aland de regalo en el Día del Padre.

 

Cristóbal Figueroa, alumno de Ingeniería.

El mejor regalo

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Cristóbal y su hijo Vicente

 

Sus emociones fueron encontradas cuando se enteró que iba a ser papá. Primero alegría, también la angustia de saber que una vida depende de ti.

Vicente Alonso Figueroa Leiva cumplió 7 meses de vida hace una semana, el mismo día del cumpleaños de su padre Cristóbal Figueroa que se empinó a lo 20, pareja de Victoria con quien aspira a casarse algún día. “Cuando me enteré que iba a ser papá fue una sensación súper fuerte. Sabía que iba a tener muchas más responsabilidades, mi polola y yo teníamos que contarle a nuestros papás, cuidar un bebé, estudiar y quizás trabajar. Pero, igual es emocionante saber que vas a ser un papá”.
Para Cristóbal seguir el desarrollo de su hijo a través de las ecografías fue impactante. “Me empecé a dar cuenta que era una vida que iba a estar a mi cargo, iba a depender de mi. Eso me unió mucho a Victoria, fue una etapa muy linda”.
Antes de la llegada de Vicente, este joven padre sólo tenía una idea vaga de lo que iba a tener que hacer pero fue cuando nació su hijo que realmente entendió que se venían varios sacrificios por delante. “No es sólo cuidar a un bebe sino cuidar la relación de pareja también y tratar de sacarla adelante”.
Lo difícil ha sido separar su carrera de su familia -Vicente y Victoria- porque él preferiría estar presente en las primeras etapas de crecimiento. “Como mi hijo vive con mi polola, los echo de menos y a veces me cuesta concentrarme en estudiar”.
Para ir a la universidad Cristóbal se tiene que levantar en la madrugada pero lo motiva que la mamá tiene que encargarse de más asuntos del Vicente. “No tengo motivos para quejarme, sólo trato de apoyarla en lo que más puedo y yo también me apoyo en ella de tal manera que no nos sintamos sobrepasados por la responsabilidad y salgamos juntos adelante”.
Echa de menos salir a bailar con Victoria; no obstante, a la hora de optar, para Cristóbal nada se compara con el privilegio de estar con ellos juntos. En el Día del Padre lo que más quiere es estar con su hijo y su polola. “Ese
-dice- sería el mejor regalo”.

21/06/2010 - 22:31:56
camy.iq@gmail.com
Me encantaron los reportajes de padres jovenes
debo decir acerca del ultimo
que cristóbal es un buen padre :)
te quiero amigo :)
Firma: Camila Ramírez Q..-
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