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¿Es Chile central inmune a terremotos y tsunamis gigantes?
Así se denomina una investigación que acaba de emprender un equipo de expertos chilenos y norteamericanos liderados por el científico de la PUCV, Marco Cisternas. Durará cuatro años y es financiada por Fondecyt.

 

 

ROSA ZAMORA

rzamorac@mercuriovalpo.cl

 

 Diez toneladas por metro cuadrado. De esa magnitud fue la fuerza que desplazó la masa de agua de unos 10 metros de altura que arrasó localidades completas del noreste de Japón, tras el gigantesco terremoto -magnitud 9.1- que se registró el pasado viernes 11.

Aunque en estrictos términos de distancia se trató de un terremoto con tsunami de origen lejano, para quienes habitamos junto a los más de 4.300 kilómetros de costa con que Chile da la cara al Pacífico resultó ser mucho más cercano de lo esperado.

No sólo porque derivó en la masiva evacuación orientada a prevenir posibles daños por el gigantesco tsunami, que viajó hacia nuestras costas a más de 700 kilómetros por hora, tal como se desplazó en 1960 desde Chile hacia Hawai y Japón, donde dejó 60 y 200  muertos respectivamente.

También porque nos reinstaló de golpe en el catastrófico escenario del 27-F y nos recordó con enervante eficacia que los sismos gigantes generadores de tsunamis -los dos nombrados, al igual que Sumatra 2004 y Valdivia 1960- pueden ocurrir más de una vez en nuestros ciclos vitales y no como queríamos creer.

 

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Las principales diferencias entre los eventos de Sendai y del 27-F fueron la profundidad del hipocentro y la magnitud de los terremotos que generaron los tsunamis.

 

FENÓMENOS DEVASTADORES

"Nos estamos dando cuenta de que los tsunamis son uno de los fenómenos naturales más devastadores que existen en la naturaleza, en términos de escala, capacidad destructiva y de que no sólo afectan a un lugar  determinado, sino que son capaces de propagarse por un tercio del mundo generando daño", plantea Patricio Catalán, ingeniero civil, doctor en Ingeniería de Costas en la Universidad de Oregon, Estados Unidos, y académico del Departamento de Obras Civiles de la Universidad Técnica Federico Santa María.

"Estamos  hablando de una escala que a nosotros como seres humanos nos cuesta asimilar", agrega Catalán, quien al igual que el geógrafo, doctor en Ciencias Ambientales y profesor de la Escuela de Ciencias del Mar de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso,  Marco Cisternas, opina que la creencia de que nuestra zona costera nunca se ha visto inundada por tsunamis no pasa de ser un mito.

"Las crónicas históricas dicen que el tsunami del 8 de julio de 1730, al que le asignan magnitud 8.5 aunque yo creo que fue más grande, destruyó la iglesia de La Merced, que estaba en lo que hoy es plaza O´Higgins, donde se ubica el colegio San Pedro Nolasco, y quizás llegó hasta Santos Ossa", expone Cisternas, postdoctorado en el Departamento de Ciencias de la Tierra y el Espacio en la Universidad de Washington, Estados Unidos.

A Valparaíso no le pasó nada, pero en esa época la ciudad no estaba en el Almendral, sino alrededor de la iglesia La Matriz. Y como Viña del Mar no se encontraba poblada -mucho menos el borde costero hasta Concón-, no existen registros escritos acerca de qué ocurrió allí.

 

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Marco Cisternas, académico  de la Escuela de Ciencias del Mar de la UCV.

 

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Patricio Catalán, académico del Departamento de Obras Civiles de la USM.

 

RASTROS DE GIGANTES

 

Entre 2002 y 2005, Marco Cisternas rastreó en las capas del suelo, en la actual Región de Los Ríos, las huellas de los predecesores del terremoto de Valdivia, durante una investigación Fondecyt titulada "Registros sedimentarios de tsunamis gigantes en el sur de Chile", que publicó la revista Nature en 2006.

Fue entonces cuando un equipo de la National Geographic Society, basándose en los resultados obtenidos para el sur de Chile, los simuló en el bullado documental sobre el impacto que podría dejar un terremoto 9.5 en la costa de la Quinta Región. Mostraba cómo se derrumbaban conocidos edificios, ascensores y cerros porteños, aparte de la ola gigante que devastaba la ciudad y sectores costeros aledaños, y que llegaba hasta Japón, Nueva Zelanda, Hawai, Estados Unidos y Filipinas.

Independientemente del lugar, el impacto del terremoto gigante de Sendai y posterior tsunami, que todo el mundo pudo ver casi "en vivo y en directo", no fue tan distinto al de aquella simulación del equipo norteamericano, aunque el nipón fue un sismo 9.1 y no un 9.5 como el de Valdivia.

Ahora Cisternas, junto a dos investigadores chilenos y cuatro extranjeros, inicia un nuevo proyecto de cuatro años de duración, financiado también por Fondecyt. Es similar al efectuado en el sur, pero su objetivo es establecer a través de estudios geológicos si es posible que en Chile central ocurran terremotos y tsunamis gigantes.

 Esto se puede determinar reconociendo si   eventos de ese tipo han ocurrido antes, "quizás mucho antes de que llegaran los españoles y de que, por lo tanto, comenzara la historia escrita de nuestro país". La investigación se titula "¿Es inmune Chile central a los terremotos y tsunamis gigantes?"

 

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El Dr. Cisternas toma muestras de suelo dentro de la investigación que acaba de comenzar.

 

PERIODOS DE RECURRENCIA

 

Cada vez que se registra un gran tsunami, arrastra sedimentos marinos que quedan depositados tierra adentro y que constituyen las huellas concretas del fenómeno. Así se puede caracterizar el terremoto y establecer su data mediante el uso de radiocarbono, tal como hacen los arqueólogos con los fósiles.

En el sur los investigadores examinaron la estratigrafía -disposición seriada de las rocas sedimentarias de un terreno- correspondiente a un periodo de dos mil años y determinaron que en ese lapso hubo siete eventos previos y similares en tamaño al terremoto y tsunami de 1960: "hubo uno en los tiempos de Jesús, otro en los años 300, otro en los 600, otro en los 900, otro en los 1100, otro entre 1.300 y 1.400 y el último, que sí fue registrado por los españoles, en 1575".

La serie indica que mayoritariamente los eventos gigantes tuvieron un periodo de recurrencia de alrededor de 300 a 400 años. Un ciclo distinto al de los terremotos grandes -pero no gigantes-, para los cuales se suele manejar un ciclo de recurrencia de alrededor de 80-100 años, como el de los terremotos de 1822, 1906 y 1985 para Valparaíso y la zona central, que no sobrepasaron la magnitud 8.5.

 "Los últimos estudios demuestran que los terremotos y tsunamis gigantes ocurren cada 400 ó 500 años. Y eso nos preocupa mucho porque como tenemos sólo 500 años de historia,  no se sabe si antes de que llegaran los españoles hubo eventos de ese tipo", complementa Marco Cisternas, quien señala que el fin  último de estas investigaciones es poder evaluar adecuadamente el riesgo.

"Hay que pensar en la cantidad de actividades que se realiza en el borde costero de Chile central, desde el turismo hasta la actividad portuaria, el polo energético de Quintero, el nuevo aeropuerto, etc. ¿Qué va a pasar si se produce un evento como estos? Por eso tenemos que estudiarlo y saber si han sucedido antes", agrega el investigador, quien adscribe a una de las máximas de la geología científica: "si ocurrió antes, es seguro que va a pasar después".

 

HISTORIA CONSIDERABLE

 

"Tenemos una historia de muchos terremotos, pero recién nos estamos dando cuenta de que tenemos también una historia no despreciable en materia de tsunamis", señala Patricio Catalán y alude a los eventos de Coquimbo en 1922; Arica en 1868 y 1877; Valparaíso en 1730; Concepción en  1835 y 2010; Valdivia en 1960, aparte de los episodios ocurridos por deslizamiento, como el de Puerto Aysén en 2007 y que son muy difíciles de predecir.

Incluso, comenta, sabíamos que éramos capaces de enviar tsunamis hacia Japón y estábamos muy preocupados de nuestros propios fenómenos, pero no de los eventos de campo lejano que -ahora lo tenemos claro- también constituyen un riesgo, aunque más controlable que los de campo cercano, por la distancia y el tiempo que demoran en llegar a nuestras costas.

"Japón es uno de los países mejor preparados para este tipo de desastres; así y todo fue sobrecogedor ver cómo el tsunami arrasó instalaciones y pueblos enteros", expresa el académico de la USM.

¿Por qué a los japoneses les fue tan  mal si ellos están tan bien preparados? se pregunta Marco Cisternas. Piensa que eso ocurrió porque las medidas tomadas para proteger sus instalaciones nucleares, equipamientos e infraestructura las basaban en lo que se llama "evento característico", es decir, lo que ha ocurrido últimamente, en este caso terremotos de magnitud entre 8 y 8.5.

"El problema fue evaluar qué evento podía ocurrir y ellos lo subestimaron. Creo que una de las lecciones más grandes que nos está dejando el evento de Japón es justamente ese, que no hay que confiarse en un evento característico",  porque aparentemente en la naturaleza los terremotos grandes y los gigantes responden a ciclos distintos, resume el investigador de la PUCV.´

 

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El Dr.Catalán, experto en tsunamis, en pleno trabajo en terreno tras el 27-F.

 

REEVALUACIÓN PROFUNDA

A la hora de identificar las enseñanzas de Sendai, Patricio Catalán plantea en primer lugar que representa una lección de humildad para los ingenieros a la vez que un recordatorio de que "tenemos mucho que hacer desde el punto de vista de las ciencias".

Lo ocurrido en Japón no puede ser desestimado al momento de decidir o evaluar el emplazamiento de instalaciones vitales -hospitales, escuelas- y equipamientos industriales, como las plantas termoeléctricas, que por requerir sistemas de refrigeración siempre están ubicadas junto a la costa.

"Creo que nos obliga a revisar nuestra planificación,  aprender a convivir con el riesgo" y realizar una profunda labor de educación hacia la población, añade el investigador de la USM, "porque no podemos mover ciudades ya establecidas ni trasladarnos a la cota 20, pues el mar es parte importante de nuestra economía", como que el 80% de las exportaciones chilenas se transportan por la vía marítima.

"Para el nivel de sismicidad que tenemos en Chile, nos falta mucha cultura. Las autoridades deberían incorporar estas temáticas en los planes curriculares y estar permanentemente atentas", agrega Marco Cisternas, para quien representa una mala señal el hecho de que la preocupación ciudadana sea esporádica y esté determinada fundamentalmente por la ocurrencia de estas catástrofes.

Las placas tectónicas acumulan energía de manera permanente, hasta que la tensión se libera en forma de terremoto, recuerda el experto. "Sabemos que eso pasa. Lo que no sabemos es cuándo".

 

 

¿LA PROFUNDIDAD NOS PROTEGE?

Mucho se dice que la profundidad de la bahía local es un factor de protección frente a la ocurrencia de tsunamis, recordando que en el 27-F el mar avanzó unos metros playas afuera en Ritoque, La Boca e Higuerillas, y luego resurgió en Llolleo. Pero eso depende del tamaño del terremoto que los genere. "Si se dan las condiciones apropiadas, yo creo que podría existir  inundación. El fenómeno de la profundidad no es realmente significativo porque el tsunami es una ola de cientos de kilómetros, por lo tanto una mayor profundidad en el fondo marino la perturba, pero no es significativa; la ola puede pasar por encima sin problemas, como lo vimos ahora. Es un error confiarnos ciegamente", observa Patricio Catalán.

  

LOS TSUNAMIS DE SENSAI Y EL MAULE

 ¿Qué diferencias hubo entre el tsunami de Japón y el del 27-F? Patricio Catalán: "Fundamentales, ninguna, porque es el mismo mecanismo de generación: un terremoto submarino en las cercanías de la costa, lo que le dio a la población un  tiempo de respuesta estimado entre 20 y 30 minutos, dependiendo de la ubicación. La principal diferencia es que el nipón fue un terremoto más superficial que el chileno -hipocentro a 24 kilómetros de profundidad versus 35- y de mayor magnitud -9.1 versus 8.8- , lo que lo acerca un poco más  hacia el terremoto de Valdivia, que en términos del tsunami causó lo mismo, pero la inversa: la ola viajó desde Chile hasta Japón".

 

 

   

¿A QUÉ ALTURA ESTAMOS SEGUROS? 

Esta es la pregunta del millón luego de presenciar el catastrófico avance del tsunami en Japón. Marco Cisternas es claro en el sentido de que la altura que se considere zona de seguridad va a depender de qué clase de terremoto es esperable para definir la estrategia de prevención. "Si se plantea usar el terremoto de 1906 como parámetro, la verdad es que a mí me parecería insuficiente, porque con ese evento apenas se inundaron las playas", dice el investigador. "La naturaleza es extremadamente compleja y yo no sé si los planos reguladores o las autoridades están al tanto de todas esas singularidades".

 

 

 

 

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