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El hombre tras el edificio Cousiño
Abogado y profesor universitario, cocinero y fanático por el fútbol, la memorable recuperación del monumento histórico no es su único logro. Durante su gestión las sedes de la entidad en Valparaíso y Viña del Mar crecieron de dos mil a más de 15 mil alumnos.

ROSA ZAMORA

rzamorac@mercuriovalpo.cl

 

La proeza de un rescate patrimonial que ninguna autoridad ni gobierno logró concretar en Valparaíso la consiguió un santiaguino de nacimiento y porteño de corazón: Jorge Martínez Durán (48, casado, tres hijos). Visionario, ejecutivo y perseverante, de este abogado flechado por el  Derecho Romano es posible decir muchas cosas, menos que no tiene esa claridad de propósitos plasmada en acción efectiva y comunicación consistente que se conoce como "relato".

Y el "relato" del gestor de la recuperación del histórico edificio Cousiño -un hombre poco solemne, fanático del fútbol y bueno para la cocina- no es otro que el país tenga la capacidad de forjar igualdad de oportunidades para una mejor distribución de los frutos del crecimiento, objetivo que confluye en su labor como director de las sedes de DuocUC en Valparaíso y Viña del Mar, y como presidente de la Cámara Regional del Comercio.

Hijo de Jorge  y María, funcionario municipal y dueña de casa,  un hermano -Rodrigo-, Jorge Martínez estudió en la Academia de Humanidades de los Padres Dominicos en Santiago. Cursó luego dos años de Terapia Ocupacional en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y en 1984, más encandilado por la política  que por los tribunales, se trasladó a estudiar Derecho en la Universidad de Valparaíso y no se movió más de esta zona.

 

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El artífice de la recuperación de la ex "Ratonera", que los porteños ya comienzan a reinstalar en el paisaje de sus afectos.

 

DEL CONGRESO AL DUOC

 

Ya en sus tiempos de estudiante proyectaba el empuje y la capacidad de trabajo que lo caracterizan -tiene oficinas en las dos sedes de DuocUC y en la Cámara de Comercio-, pues además de cumplir como alumno de Derecho estaba a cargo del preuniversitario Cepech, frente a los Padres Carmelitas, en la avenida Libertad.

Luego de titularse trabajó como jefe legislativo de la bancada parlamentaria de la UDI, entre 1990 y 1995. En el intertanto había comenzado a ser ayudante de Francisco Bartolucci en  Derecho Romano, después se transformó en profesor del curso en la Universidad del Mar, en la Universidad Católica de Valparaíso -donde trabajó con el jurista Alejandro Guzmán, a quien considera su maestro- y en la Universidad de los Andes.

En eso estaba en 1997, feliz con la vida universitaria, cuando su amigo Cristóbal Silva, entonces director regional de DuocUC, le pidió que asumiera la subdirección académica de la sede Viña del Mar. "Para mí fue un tema, pero cuando me contó el proyecto social del DuocUC, orientado a la igualdad de oportunidades y movilidad social para la gente más necesitada..."

El asunto fue que le encantó. Claro que le quedaba pendiente hacer un postítulo de su especialidad y dedicó 1999 a concretarlo en la Universidad La Sapienza, en Roma.

 

DE EDIFICIO EN EDIFICIO

 

A su regreso, al año siguiente, fue nombrado director de la antigua sede porteña, que quedaba en Las Heras con Errázuriz, donde encabezó el proyecto del nuevo edificio institucional ubicado en la avenida Brasil.

Lo dejó recién inaugurado, en 2003, para agregar a sus obligaciones la conducción de la sede Viña del Mar, donde otra construcción se cruzó en su destino. Era la segunda ampliación de Chorrillos, a la cual el año pasado se sumó la tercera.

Tanto edificio no es casualidad. Revela la fuerte expansión que ha registrado DuocUC en las dos ciudades durante la era Martínez.  En 1997 ambas sedes sumaban aproximadamente dos mil alumnos y hoy superan los 15 mil, con más de 800 profesores y 400 funcionarios.

Mañana, cuando junto a las autoridades y máximos directivos de DuocUC corte la cinta de la ex "Ratonera", un nuevo ciclo se habrá cumplido en la vida de Jorge Martínez y también en la de los porteños que ya comenzaron a reinstalar el "Cousiño" en el paisaje de sus afectos.

 

 DELANTERO Y COCINERO

 

Aunque insista en que "no hay que personalizar las cosas" y que al equipo que lo secunda le corresponden los aplausos, todo Valparaíso sabe que él es el artífice del logro de haber transformado el cúmulo de ruinas al que había quedado reducido el monumento histórico en el esplendoroso edificio crucero que le ganó terreno al mar a fines del siglo XIX, que hoy parece navegar iluminado en la punta de diamante formada por Errázuriz y Blanco, frente al pasaje Ross.

Fanático del fútbol y de la UC -aunque tiene muy buenas relaciones con las directivas de Everton y Wanderers-, Jorge Martínez fue un delantero goleador en el equipo de los abogados porteños hasta que se rompió el ligamento cruzado y no pudo esquivar el quirófano.

Además de una gran dedicación a su familia -comen juntos todos los días, "con mesa puesta y sin que nadie se lleve sandwich o bandeja a su pieza"- destina desde entonces parte de su tiempo libre a actividades menos riesgosas que el área chica, como la cocina.

Un hobby que se intensificó con un horno de barro que llegó en la última Navidad a su terruño de Casablanca, en el cual ha preparado toda clase de carnes y pan amasado con chicharrones, aunque todavía le resta pasar la prueba de fuego de las empanadas.

Y si no está atento a los vaivenes de la temperatura de ese chúcaro ingenio campesino, se lo puede suponer afanado frente a la masa de los ravioles -"todo lo hago yo, no compro nada"- que rellenará con ricotta y espinacas para delicia de su familia, aunque él cree que con la paella tampoco lo hace nada de mal.

  

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En abandono total estuvo el edificio hasta que DuocUC se jugó por su recuperación.

  

SENTIDO DE CIUDAD

- Después  de tantas dificultades y contratiempos, ¿pensó que iba a llegar este día; lo tenía visualizado en su futuro?

"Cuando uno empieza a hacer el recuento de todo lo que pasó en estos años, hay millones de aspectos que se empiezan a olvidar. Lo importante es que el edificio está recuperado y ha quedado demostrado que aquí se puede hacer proyectos importantes y con sentido de ciudad; que es compatible el desarrollo con la cultura y el patrimonio; que uno puede crecer armónicamente respetando el sentido más profundo de Valparaíso. Estamos muy contentos y creo que (mañana lunes 25)  va a ser un muy buen día. Porque si bien el ‘Cousiño' no soluciona los problemas de la ciudad ni mucho menos, sí instala una mirada distinta, más optimista. Y lo que  funcionará aquí significará un aporte realmente importante para el turismo, la cultura, la gastronomía y el patrimonio".

 

- ¿Qué dijo el alcalde cuando le planteó la recuperación del edificio? ¿Le creyó?

"Me acuerdo que el ex alcalde Aldo Cornejo me contó que quería recuperar tres edificios patrimoniales, el ‘Subercaseaux', el ‘Liberty' y el ‘Cousiño'. De eso hablamos mucho, pero no recuerdo si él me sugirió que nos hiciéramos cargo del ‘Cousiño' o si se lo sugerí yo, pero sí que  evaluamos la posibilidad, así es que le cedo el mérito. Eso pasó hace cinco años y todo lo que ocurrió después ha sido, como decía Todd Temkin, el parto de un elefante".

 

- Una tarea gigantesca.

"Una locura, porque significaba recuperar una ruina que es monumento nacional, y por tanto no se podía intervenir la fachada, hacer estacionamientos ni subir en altura. Y tenía un costo increíble. Pero DuocUC le encontró un sentido a que sus alumnos pudieran desarrollar en Valparaíso las líneas estratégicas más importantes de la ciudad -junto con la actividad portuaria- y también a lo que significa ser la institución de educación superior más grande de la V Región".

 

DIEZ MILLONES DE DÓLARES

- ¿Cómo  fue  que DuocUC le hizo caso para  emprender este proyecto? Era pedir diez millones de dólares para recuperar una ruina...

"...cuando por esa misma plata DuocUC podía hacer dos sedes estupendas..."

 

 - Por eso mismo, si yo hubiera sido presidenta de la fundación a lo mejor no le habría entregado la plata...

"Es que desde hace muchos años DuocUC ha cumplido un rol que no es solo formar los mejores técnicos y profesionales, cosa que yo creo que hacemos, sino estar vinculado en la zona donde realiza su labor, donde viven nuestros alumnos y donde queremos que trabajen. Nosotros, y no somos los únicos, nos convencimos de que para aportar al desarrollo del país, la ciudad y la Región de Valparaíso, no podíamos solo tener una mirada intramuros, sino  mirar hacia fuera; entender que tenemos un compromiso con la sociedad, y que cumplimos un rol en el desarrollo de la Región que es mucho más amplio y complejo. Por eso cuando presentamos el proyecto se nos dio un apoyo increíble"

 

- ¿Es cierto que después del terremoto la recomendación de los  ingenieros era demoler?

"Lo que quedaba del edificio era solo la cáscara. Estábamos trabajando en las fundaciones y reforzando las estructuras perimetrales cuando nos sorprendió el terremoto que las resquebrajó severamente, pero resistieron. Sin embargo, una réplica fuerte la semana siguiente los dañó irremediablemente y ahí los ingenieros calculistas emitieron el informe. Había que demoler. Nos juntamos con el alcalde y los asesores del área patrimonial; con Icomos y las organizaciones sociales y comunitarias, les contamos, y todos nos pidieron que hiciéramos un esfuerzo por intentar recuperarlo".

 

- Lo que costó 400 millones de pesos adicionales.

"Así es. Y les pedimos a los ingenieros que realizaran los estudios. Por eso tuvimos que hacer unos reforzamientos que incluyeron unos cubos gigantes de cemento que tenían unos pilares enormes de acero que sostuvieron la fachada durante muchos meses".

Los reforzamientos post terremoto alargaron el proyecto en más de cuatro meses, pero si hay algo que a Jorge Martínez lo sorprende hasta el día de hoy es la respuesta ciudadana frente a las molestias que implicaron las obras.

"Los trabajos bloquearon una pista completa de avenida Errázuriz y otra de calle Blanco, ¡pero jamás nadie se quejó!, ni siquiera en las horas punta cuando arreciaban los tacos. ¿Qué mejor ejemplo que la comunidad de Valparaíso estaba dispuesta a soportar las incomodidades por ver recuperado este edificio?", se pregunta.

Sin duda, la ex ‘Ratonera', refugio de plagas  que se caía a pedazos, "era el símbolo de la decadencia y ahora se convierte en uno de los símbolos de que a Valparaíso le va a ir bien, va a crecer y se va a desarrollar", dice convencido.

 

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En cinco mil metros cuadrados se distribuyen desde talleres hasta auditorios, pasando por espacios para exposiciones.

 

"¿CANDIDATO A QUÉ?"

 

- Hay quienes piensan que usted logró lo que nadie había conseguido y que sería regio candidato...

"¿Candidato a qué?

 

- Al Parlamento por ejemplo. ¿No le gustaría ser parlamentario?

"En una época de mi vida me interesó mucho la política, de hecho ingresé a estudiar Derecho por la política, no por el ejercicio. Después me interesó mucho, en paralelo, la vida universitaria y la investigación. DuocUC y la presidencia de la Cámara Regional del Comercio son dos proyectos enormes, y creo que desde donde estoy puedo colaborar mucho más al desarrollo de la Región que desde un escaño en el Parlamento o en un cargo en la administración. Además, en esta zona tenemos muy buenas autoridades públicas; entonces, para qué nos vamos a preocupar de cargos que están muy bien servidos, cuando yo creo que lo que falta es movilizar más el mundo privado para que la Región sea un poco más próspera".

 

DOS PAÍSES DESIGUALES

- ¿Qué faceta o preocupación suya se resuelve en la presidencia de la Cámara Regional del Comercio?

"El desarrollo de la Región. Todos los indicadores dicen que a este país le va a ir bien, el tema es que le vaya bien un poco más parejo. Es fundamental que el enriquecimiento empresarial se transmita a los trabajadores, que los empresarios se preocupen más de ellos en cuanto a su seguridad, familia, condiciones laborales, capacitación. Lo que no puede seguir ocurriendo es la desigualdad que comentaba la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y que el ministro Kast comentaba como vergonzosa. En Chile coexisten dos países, uno que se parece a Finlandia, de un porcentaje no mayor de la población, y otro que se parece a una nación pobre centroamericana, y ese el país que nos preocupa".

 

- ¿Y cómo se traduce eso en el DuocUC?

"Aunque no en el cien por ciento, porque hay de todo, nosotros atendemos alumnos que proceden básicamente de los tres primeros quintiles de ingresos. Jóvenes que estudian dos o cuatro años con nosotros y que cuando se titulan suben uno o dos quintiles de ingreso, es decir, ganan más que todo su grupo familiar. Para mí, la movilidad social, la igualdad de oportunidades, el desarrollo sostenible de la economía son temas   fundamentales. Creo en la propiedad privada, en el libre mercado y por millones de razones, políticas, filosóficas y éticas, creo que la verdadera responsabilidad social del empresariado es transferir la riqueza creada a los trabajadores".

 

 

 

 

HISTÓRICA RECUPERACIÓN

Dos años después de que la Municipalidad de Valparaíso entregara el edificio Cousiño a su nueva propietaria, la Fundación DuocUC, la institución inaugura mañana la recuperación del emblemático inmueble como un aporte al patrimonio y la cultura de la ciudad.

El edificio fue construido entre 1881 y 1883, y declarado monumento histórico en 1994. Desde entonces hasta el inicio de su reconstrucción estuvo abandonado y  fue objeto de pillaje, destrozos e incendios, como una encarnación del descuido y la decadencia. El proyecto de recuperación fue desarrollado por el Premio Nacional de Arquitectura Juan Sabbagh y representa una inversión de diez millones de dólares.

Con una superficie de cinco mil metros cuadrados, el edificio, donde funcionará el Centro de Gestión del Turismo, Patrimonio y Cultura, cuenta en el zócalo y primer nivel con un auditorio y talleres de restauración patrimonial; centro de interpretación turística, teatro, cine y zona de exposiciones.

En el segundo y tercer niveles hay aulas para las carreras de Turismo, Gastronomía y Restauración, dependencias académicas y administrativas. Y el cuarto está destinado a restaurante-escuela, con capacidad para 300 personas; salón de directorio y talleres de Gastronomía.

 

 

  

RECADO A LOS RAYADORES

- ¿Qué le diría a los rayadores que esperan murallas limpias?

"Que recuerden a Gonzalo Rojas cuando dice que a Valparaíso no basta con quererlo, hay que merecerlo. Ellos no se merecen Valparaíso. Creo que toda la mano dura que la autoridad pueda tener, todo el consejo severo que un padre pueda dar y que un profesor en el colegio pueda reiterar, no están de más. Si los porteños no somos capaces de merecernos Valparaíso, no vamos a alcanzar el desarrollo"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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